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EDITORIAL

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Por Ignacio Fidanza

El caso Hilda Molina, una prueba para las convicciones de Cristina

La Presidenta enfrenta una dura prueba para su historial de defensa de los Derechos Humanos. La médica Hilda Molina y asociaciones disidentes como Damas de Blanco y Agenda para la Transición, quieren encontrarse con ella, cuando visite Cuba. Raúl Castro y el canciller Felipe Roque Pérez son permeables a realizar un gesto, pero Fidel rechaza toda concesión. El rol de Obama y su abogado Greg Craig.

11.01.2009 |

La habitual improvisación del kirchnerismo que en la Argentina se metaboliza con naturalidad –autos baratos, heladeras, acuerdo con China, etc-, en el mundo de la alta diplomacia no transcurre con la misma placidez. La Presidenta se encuentra por el apuro en cerrar el viaje a Cuba al cumplirse 50 años de la revolución, en las puertas de sufrir un severo costo político para su historial de defensora de los Derechos Humanos.

Es que tal vez impulsados por cierto cholulismo, en la Casa Rosada se apresuraron a confirmar el viaje a la isla, sin tener previamente acordadas algunas condiciones mínimas que hacen a la dignidad de la Presidenta. Esto es –por ejemplo- que se le permita recibir a la médica Hilda Molina que reclama hace años al gobierno cubano una cosa tan humana y simple como un “permiso” para viajar a la Argentina a ver a sus nietos.

La médica cubana, que supo estar muy cerca de Fidel Castro y ahora es una de las pocas cuestiones que sacan de sus casillas al anciano líder, le metió hoy más presión a la Presidenta al confirmar que el envió una carta pidiéndole que en su viaje a Cuba interceda por ella ante las autoridades.

"Yo siempre he confiado en la coherencia del ser humano y la presidenta es una persona que tiene una historia de defensa de los derechos humanos y pienso que ella algo va a hacer por el derecho de sus compatriotas, por esos niños", dijo Hilda Molina.

También Las Damas de Blanco, que reúnen a las mujeres de los presos políticos del régimen cubano y los integrantes del grupo Agenda para la Transición que plantea una apertura del gobierno de la Isla, han manifestado su interés por reunirse con la Presidenta.

Es justo reconocer que en dos ocasiones la Presidenta y su marido se negaron a viajar a Cuba, cuando los funcionarios de Fidel les dejaron en claro que no les permitirían reunirse con Hilda Molina o algún otro disidente. Lo que indicaría que si la Presidenta se mantiene coherente en esta posición, podrían ser los propios cubanos los que le retiren la invitación.

Extrema tensión

Por curioso que parezca recién ahora parecen estar tomando conciencia en la Cancillería, que claudicar a todas las exigencias cubanas –esto es que la Presidenta no reciba ni individual ni grupalmente a ninguna expresión de disidencia-, puede ocasionarle a Cristina Kirchner más daño que beneficios.

La tensión en la Casa Rosada crece proporcionalmente a la relevancia que la visita está cobrando en los medios internacionales, donde empieza a trascender de manera negativa que la presidenta de Argentina no haría ningún gesto a favor de la apertura política y los derechos humanos en la Isla.

Ayer, Cristina Kirchner convocó de urgencia a su canciller Jorge Taiana, un hombre que conoce y tiene buenos contactos en Cuba, para dialogar sobre el tema y tratar de encontrarle una salida al problema de Hilda Molina, que amenaza con teñir toda la gira.

Pero no ayuda a alentar esperanzas el opaco rol que ha tendido en esta historia la actual embajadora en Cuba, la ex legisladora del FUP, Juliana Marino, única responsable diplomática de Argentina en la isla que desde que asumió el cargo nunca intentó contactar a Hilda Molina, que hace 15 años no logra ver a su hijo, el médico cubano Roberto Quiñones ni a sus nietos, a los que aún no pudo conocer.

El antecesor de Juliana Marino, el ex frepasista Darío Alessandro, solía mantener algún contacto con la médica por lo menos una vez cada 15 días, a quien acercaban desde la embajada novedades de su familia. Hasta esa gestión de mínima contención emocional, abandonó el gobierno de Cristina Kirchner.

El No de Fidel

“Este tema es un capricho personal incomprensible de Fidel, que no se puede entender desde la política”, reconoció a La Política Online un diplomático de la Cancillería que conoce el derecho y el revés del caso de la médica, que fue una dirigente importante del Partido Comunista Cubano, además de diputada en la Asamblea Legislativa y fundadora del Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren). Fue en 1994 cuando se distanció de Fidel Castro, con quien tenía una estrecha relación, y a partir de entonces se convirtió en mala palabra para el anciano líder.

La misma fuente reveló a este medio que tanto Raúl Castro como el canciller Felipe Roque Pérez, hace tiempo están de acuerdo en buscarle alguna solución al caso de Hilda Molina, pero cada vez que intentaron avanzar con alguna flexibilización se toparon con la cerrada negativa de Fidel. Una lógica similar a la que convierte todos los amagues de flexibilización del régimen que intenta concretar el hermano de Fidel, en una caricatura que se agota en si misma.

“Fidel nunca va a permitir que los Kirchner queden como los campeones de los Derechos Humanos que le sacaron cualquier concesión en el caso de Hilda Molina. Si alguna vez le autoriza viajar a la Argentina, va a ser después de la gira de Cristina”, especuló la fuente consultada.

Un tal Craig

Como siempre sucede con Cuba, en torno a cada episodio conflictivo de la isla se cuecen intrigas al máximo nivel internacional. Con la llegada de Obama a la Casa Blanca, muchos comenzaron a entusiasmarse con la posibilidad de una foto entre el primer presidente negro de Estados Unidos y Raúl Castro. Especie de reivindicación histórica de Kennedy, a quien su zigzagueante política hacia Cuba le envenenó la Presidencia, y para muchos hasta motivó su asesinato.

Para que esta imagen se concrete es necesario que previamente algo cambie para justificar la distensión. En ese marco, en fuentes diplomáticas se especula con un acuerdo que implicaría la entrega a la isla de los cinco cubanos que hace 10 años están presos en Estados Unidos acusados de espionaje; y a cambio la liberación por el castrismo de los presos políticos que permanecen en las cárceles cubanas.

Es apenas una de las tantas especulaciones que enredan la relación de Estados Unidos y Cuba, pero que con el ascenso de Obama han tomado nuevo vuelo, sobre todo a raíz de la decisión del presidente electo de nombrar en el cargo clave de jefe de abogados de la Casa Blanca a Greg Craig.

Este ex funcionario de Clinton, tiene sólidos contactos al interior del gobierno castrista, ya que como abogado del padre de Elián González, logró que el chiquito fuera devuelto a Cuba, en un triunfo legal que le generó el odio de la comunidad cubana en Miami. Sin embargo, ahora Obama y Craig gozan de una renovada legitimidad en ese terreno: el candidato demócrata también ganó en La Florida.

Craig dialogó personalmente con un importante diplomático argentino sobre el caso de Hilda Molina, y no sería extraño que la administración Obama intente colaborar desde atrás para resolver la situación de la médica.

Sin embargo, Cristina Kirchner está a punto de perderse una nueva oportunidad de arrancar con el pie derecho la relación con el flamante presidente demócrata: Por un lado renegaría de reclamar públicamente por los derechos humanos y políticos de los disidentes; y por el otro, luego de visitar la isla, la Cancillería no tuvo mejor idea que armarle una escala en la Caracas de Hugo Chávez.

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COMENTARIOS DE LOS LECTORES (1)

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eduardo
28-01-2009 | 13:17

Ustedes porque no comprenden como la Sra. Presidenta lleva adelante LOS GRANDES DESTINOS ESTRATEGICOS DE LA REPUBLICA , proximos pasos : recambio de bicicletas usadas , creditos para monopatines y cursos para emprendedores para secar la yerba mate al horno y volver a utilizarla en el mate.


0 - 1 de 1 comentarios

Fidanza Ignacio

ifidanza@lapoliticaonline.com.ar

Ignacio Fidanza es el fundador y director de La Política Online. Periodista de profesión, estudió cine, ciencias de la Comunicación y es abogado egresado de la UBA.

Trabajó en la revista Noticias como redactor de la sección Política. Luego fue jefe de Política de la Agencia Télam, oportunidad en la que cubrió numerosas cumbres presidenciales en el país y en el exterior.

También fue director de las revistas La Primera y El Federal.

Publicó el libro de poesía "Cactus" en editorial Libros de Tierra Firme, y todos los viernes de 21 a 22 conduce el programa La Política Online Radio por radio El Mundo.

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Un tema que enloquece a Fidel

Son la comidilla del mundo diplomático las broncas que se agarra Fidel castro cada vez que le mencionan el caso de Hilda Molina, al punto que algunos mencionan ciertos amores no correspondidos o en todo caso,
rupturas traumáticas.

Como sea, Néstor y Cristina Kirchner y varios de sus principales diplomáticos tropezaron más de una vez con esta piedra.

En diciembre de 2004, Kirchner le pidió formalmente por carta a Castro que dejara venir a la médica a la Argentina, pero Cuba propuso que fueran sus nietos a Cuba. Hilda Molina pidió refugio en la Embajada y la relación bilateral se enfrió. El Presidente suspendió un viaje a la isla. Por el incidente, Kirchner pidió la renuncia del jefe de asesores del entonces canciller Rafael Bielsa, Eduardo Valdés, y se removió al embajador en La Habana, Raúl Taleb.

Luego, en la cumbre del Mercosur que se realizó en Córdoba en el 2006 y a la que asistió el líder cubano, Kirchner lo sorprendió al ordenarle al canciller Jorge Taiana que entregara a su par cubano Felipe Roque Pérez, una nueva carta para Fidel solicitando que le permita a la médica viajar a la Argentina a conocer sus nietos.

Fuentes diplomáticas, confirmaron a La Política Online que tan grande fue la bronca que le agarró a Fidel, que el venezolano Hugo Chávez improvisó una visita a la ciudad de Alta Gracia, donde el Che Ghevara pasó su infancia, para despejar el malhumor del anciano líder.

Incluso, el propio Chávez confesó una vez ante los medios que en la única oportunidad y que por pedido de los Kirchner le mencionó a Fidel el caso de Hilda Molina, todavía le dolían los oídos por los gritos del cubano.